miércoles, 19 de mayo de 2010

La profecia

Las palabras del ingles que me habia encontrado brevemente en Bombay resonaban profeticas en mi cabeza: "After 3 or 4 weeks here you'll hate the place and want to leave but eventually you'll love it". Muy bien Nostradamus, no llevaba dos semanas en el subcontinente y estaba ya hasta los santos cojones. Cansado del caos, cansado del ruido de motores, de los pitidos de los coches, de la gente gritando, de la musica a todo volumen. Harto de las aglomeraciones, de la ausencia de espacio vital, de la abrumadora humanidad, del revoltijo de gente, de coches, motos y rickshaws. Asqueado de la suciedad, de las cunetas repletas de desperdicios, de los montones de basura en los bordillos, de las calles usadas como vertedero, las paredes ennegrecidas y grasientas de las estaciones. Agobiado por el calor, el pegagoso y humedo calor tropical que me ahoga y agota hasta convertirme en una masa inanime. Hastiado de ver pobreza, una pobreza obscena, rutinaria y omnipresente.

O quizas estaba teniendo un mal dia. Habia pasado la noche en un autocar viajando de Pondicherry a Coimbatore en el estado de Tamil Nadu al sur del pais y no habia podido dormir muy bien, despues de una jornada especialmente calurosa. El unico de mis sentidos encantado de la vida con la visita a la India era el gusto (el olfato, la vista y el oido, estaban ya fritos a esas alturas) y esa mañana estaba sintiendo nauseas debido a la pesada cena a base de dosa del dia anterior. Y desde luego no estaba siendo el viaje en carretera mas plancentero de mi vida. El taxista se habia pasado la media hora larga que llevabamos de viaje tocando el claxon de manera compulsiva entre salivazo y salivazo por la ventanilla del coche, siguiendo el frenetico ritmo de la musica que, por supuesto a todo volumen, sonaba por la radio del coche. Mientras la joven pareja de indios con la que comparto taxi permanecen imperterritos y sonrientes en la parte trasera del viejo Ambassador. Le pido amablemente al conductor que baje "la maldita musica", no parece que haya nada que pueda hacer con respecto al resto, pedirle que deje de dar bocinazos seria como decirle que deje de respirar. Tres cuartos de lo mismo en cuanto a los salivazos, aunque creo que los transeuntes agradecerian algun pequeño esfuerzo por mi parte para poner fin al... tema.

Nos dirigimos a Ooty, una estacion de montaña casi en la frontera con Kerala, a donde acudo tratando de escaparme del calor sofocante y atraido por las promesas de bellos paisajes entre bosques y plantaciones de te. Al poco el coche empieza a zigzagear ascendiendo por una tipica carretera de montaña, muy a mi pesar llena de autocares abarrotados de turistas. Instintivamente me llevo la mano al inexistente cinturon de seguridad cuando empezamos a adelantar en curvas cerradas, sin visibilidad ninguna.

- ¡No hagas eso joder! ¡No puedes adelantar si no ves!
- ¡Mira monos! (de hecho un monton de monos aparecen de repente en el borde de la carretera)
- ¡Me importan una mierda los monos!
- Vale, vale, voy despacio

Dicho y hecho, pasamos de adelantar a toda velocidad en curvas cerradas sin visibilidad a adelantar ridiculamente despacio en curvas cerradas sin visibilidad. Buscando apoyo miro a la pareja por el retrovisor quienes, aun mas sonrientes, se encontran absortos contemplando a los monos. Ok, parece que no va a haber refuerzos. A lo que sigue una ridicula y frustrante conversacion con el conductor, en la que ni el me entiendea mi ni yo le entiendo a el, con la dichosa musica de fondo y la sonriente pareja viendo monos en la parte de atras. Al final consigo que no adelante en absoluto, cuando el autocar que esta delante nuestro se para y nosotros nos paramos detras en un tramo recto absulatemente vacio me llevo las manos a la cabeza. En fin, ya me da igual, entro en un estado zen, me pongo los cascos y escucho a los Arctic Monkeys mientras veo a los monos comiendo porqueria a los lados de la carretera. Son simpaticos los monos.

Milagrosamente (Dios me ama) llegamos sanos y salvos a Ooty, donde nos espera, como no, el mismo trafico caotico, el ruido infernal y la polucion que creia haber dejado atras. Joder, joder, joder. Por lo menos la temperatura es agradable. Nada mas parar nos rodea la tipica marabunta de vendedores ambulantes. No me lo creo, es la primera vez que veo a un tipo vendiendo abanicos en la India, en el que debe ser el unico sitio de todo el pais donde no hacen falta abanicos. Cuando el conductor trata de cobrarme 100 rupias mas de lo que habiamos pactado me sorprendo a mi mismo sacando el dedo indice a pasear (el indice no el corazon). Despues de que el taxista haya desaparecido sin rechistar, me doy cuenta de que mi dedo indice sigue apuntando al cielo, mientras los vendedores han huido despavoridos y la pareja de indios se han marchado sonriendo. A mi alrededor el caos de siempre y a mis pies la mochila, ya un poco desgastada.

Joder, espero que la segunda parte de la profecia se cumpla.

4 comentarios:

  1. Grande Sergio!!!! Como me incorporo tarde a tus andanzas no se muy bien como te has decidido a realizar este viaje y cuanto tiempo vas a emplear en recorrer el mundo.

    Un saludo Willy Fog!!!

    Marcos

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  2. Hey Marcos (supongo que eres Centoira...?)!

    Pues voy a estar viajando hasta Navidad, en cuanto a el porque, pues supongo que la respuesta corta es que me gusta viajar (y porque me sale de...)

    Un saludo Marcos :)

    Guillermito Niebla

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  3. Correcto, Centoira speaking!
    Pues siendo asi me parece de p.m. Disfruta todo lo que puedas y espero que la próxima vez que pases por León tengamos un rato para charlar.

    Un saludo,

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  4. Hey cuanto tiempo! Volvere a casa como el Almendro asi que nos veremos en la tradicional cena de Navidad o tomando unas tapinas por el Humedo.

    Un abrazo

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